Es interesante cómo el jurado de la crítica nacional del 29° Festival de Cine de Lima premió a “Un poeta” como Mejor Película y “El agente secreto” como Mención Honrosa, y el jurado de la crítica internacional hizo lo contrario, “El agente secreto” como Mejor Película y “Un poeta” como Mención Honrosa en el último Festival de Cine de Lima.
Me recordó un poco a la forma en que el crítico cultural Manny Farber diferenció dos formas de hacer cine (o cualquier arte): a una la llamó “arte elefante blanco” y a la otra, “arte termita”1. Me surge siempre su ensayo cuando hay dos propuestas tan diferentes que se enfrentan en competencia y qué es lo que nos lleva a elegir una y dejar otra. Estas dos películas se presentaron en el Festival de Cannes, por ejemplo, solo que en secciones diferentes, “El agente secreto” en la Selección Oficial (arte elefante blanco con excepciones) y “Un poeta” en Una cierta mirada (arte termita con excepciones). En ambas se llevaron lo que llamaríamos ‘las menciones honrosas’: Mejor Dirección y Premio Especial del Jurado, respectivamente. Les ganaron “Fue solo un accidente”, una película profundamente política, y “La misteriosa mirada del Flamenco”, también política, pero en las lides de la identidad, la representación y las disidencias.
Farber decía: “Un hecho peculiar sobre el arte termita/lombriz solitaria/musgoso es que siempre avanza devorando sus propios límites, y, no deja nada a su paso más que huellas de su actividad ansiosa, trabajosa y descuidada” y “Los tres pecados del arte elefante blanco (1) enmarcan la acción con un esquema general, (2) instalan cada acontecimiento, personaje y situación en un friso de continuidades y (3) toman cada pulgada de la pantalla y del filme como una zona potencial de una creatividad premiable”, queriendo contraponer un arte que busca la obra maestra total, monumental, la perfección formal, la “belleza” y “el tema importante”, y por eso termina siendo grandilocuente y pretensioso, pues su mayor ambición es el reconocimiento; y el otro arte que es más subterráneo y silencioso, más imperfecto, fragmentario y precario, es desde esa marginalidad que se hace universal, que rezuma humanidad y conecta con nuestra propia experiencia.
En algún momento pensé que tal vez estaba desvariando y que era incapaz de ver lo que otros ven en esa película, luego hubo una mesa de críticos en el festival que comentaban las películas en competencia, en ella había unanimidad en que “El agente secreto” era una gran película, pero luego dos personas asistentes, un joven crítico y una guionista, señalaron su discrepancia. Parafraseando un poco, porque no recuerdo con exactitud, el primero señaló que esa búsqueda de meter todos los géneros en su película terminaba quitándole emoción y la segunda añadió que esa búsqueda de perfección le restaba sensibilidad.
Después de cada función de prensa, me gusta observar el ánimo de la gente, dice mucho del impacto de una película en uno, cuando vimos “Un poeta” hubo una sensación de exaltación, de alegría, de júbilo, acabábamos de ver un milagro del cine, queríamos correr gritando por las calles como ese poeta feo y fracasado; cuando vimos “El agente secreto” era como si hubiéramos entrado al Museo de Oro, te quedas deslumbrado, ves todos sus recursos, las preciosas actuaciones, pero dos horas después sales con los bolsillos vacíos. Amé “Retratos fantasmas”, la película anterior de Kleber Mendonça, había mucho amor al cine ahí, espero que regrese ese amor.
- https://www.lafuga.cl/arte-termita-contra-arte-elefante-blanco/716 ↩︎
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