El Outfest cumplió su edición 22° afrontando una serie de obstáculos que vienen persiguiéndolo desde hace algunos años, exactamente desde 2023, cuando el afiche oficial de la 20° edición ofendió al cucufato alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, miembro de Opus Dei y odiador de la diversidad sexual, quien exigió que se retire como si pudiera darle órdenes a un privado.
Evidentemente, el Outfest no le hizo caso, pero tuvo que soportar el acoso legal y consecuencias reales posteriores, como que en cada edición les resulte más difícil acceder a espacios estatales que alberguen su programación, por el temor de los funcionarios a ver comprometidos sus puestos de trabajo y enfrentar las consecuencias de apoyar a actividades abiertamente lgtbiq+; y de entidades privadas que, debido al contexto político, dejan de ser gayfriendly hasta que las cosas cambien. Así, de inaugurar su festival en lugares como el Teatro Municipal o la Biblioteca Nacional del Perú, volvió a los espacios prestados por la cooperación internacional como el Centro Cultural de España (en donde celebraron sus 20 años de resistencia) o, en esta ocasión, salas alternativas.

Más allá de eso, el Outfest Perú oficialmente nació contra todo en 2003, dos años después de que se derrocara la dictadura fujimorista (2001) y en pleno gobierno de Alejandro Toledo, que fue dejando atrás a todos los aliados que lo apoyaron en la gesta democrática que lo puso en el poder para hundirse en las garras de la corrupción (por lo que actualmente está preso), y en un contexto de alta discriminación para las personas lgtbiq+, que recién pudieron presenciar avances culturales importantes a partir de 2010 (marchas del Orgullo masivas, avances internacionales, nueva generación de activistas, globalización de las redes sociales, etc.), por lo que ya están curados en la adversidad. Recordemos también que fue el primer festival de cine del Perú que realizó una versión virtual en plena pandemia.
Esa experiencia no obvia que este año haya sido el más difícil para sus directores, Rolando Salazar y Jheinser Pacaya, también en un contexto político complejo nacional e internacional, con un auge conservador encabezado por un Congreso abiertamente hostil a las demandas de lxs lgtbiq+ y las mujeres peruanas, atacando constantemente cualquier avance que se haya conseguido en derechos. Esta coyuntura obligó al Outfest a realizar su festival en setiembre y ya no en julio como lo hace desde hace varias ediciones, mientras buscaba los espacios para poder exhibir sus películas.

La programación
La película inaugural fue “Pucallpa la europea”, de Santi Zegarra, director peruano afincado en Francia, con una larga carrera como documentalista y sobre todo interesado en el tema de la migración y la identidad. El proyecto recibió los Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura para la producción de largometrajes en 2021, su realización demoró por pandemia y pudo continuar gracias a una coproducción francesa y a una serie de alianzas que la sacaron adelante. Cuenta también con el debut de dos actrices trans (Melissa Campos y Etza Wong), la participación de dos actores internacionales, el francés Maxime Saint-Jean y la argentina Gabriela Pastor, junto a algunas experimentadas actrices peruanas.

“Pucallpa la europea” es tal vez una de las películas más ambiciosas e internacionales que han tocado el tema lgtbiq+ en el Perú y que desarrolla una serie de temas que tratan de integrar una postura individual de una migrante trans deportada de Francia al Perú, decepcionada de todo, con la problemática social que circunda la vida de las mujeres trans en nuestro país, expuestas a la discriminación, la violencia y la muerte, con un activismo precario que trata de afrontar las dificultades de una sociedad transfóbica con marchas y arengas, en medio de la pobreza y el trabajo sexual; y, de paso, un romance que surge con una pareja extranjera de clase alta, que debería ser el tema medular, pues es a partir de la atracción que siente por esta pareja que la vida de la protagonista gira y se transforma. Es quizás esta ambición la que juega en contra de la película, ya que varios de los temas que van abriéndose se quedan en el aire o no tienen un correlato de causa-consecuencia que terminen integrando de forma coherente la trama. A pesar de ello, es una apuesta valiosa que tiene una dirección de fotografía muy interesante y las entregadas actuaciones de Campos y Wong, que brillan en varias escenas.

En la competencia oficial este año pudimos ver las siete películas seleccionadas, tres ficciones: Un mundo para mí (México), El fin de las primeras veces (México) y #300cartas (Argentina); y cuatro documentales: El pecado social (Perú), Las locas del 73 (Chile), Un hombre tranquilo (España) y ¡Quba! (Cuba-EEUU). De las siete, cinco contaron con la presencia de sus directores o parte de su equipo, que realizaron conversatorios con el público, gracias al apoyo, sobre todo, de las embajadas de sus países.
En ficción, dos películas tocaron el tema gay y una el intersexual; en los documentales, los tres fueron sobre memoria histórica. En esta edición, lamentablemente, no hubo ninguna ficción con temática lésbica.
Un mundo para mí
A diferencia de las demás personas que pertenecemos a la comunidad LGTBQI+, la I de la intersexualidad no puede ocultarse a los padres, quienes son los primeros en saber que unx es diferente. Apenas nace un bebé intersexual, la ciencia médica siente la necesidad de intervenir para normalizar ese cuerpo al que la sociedad no puede concebir si no se alinea a un género estable (hombre o mujer), y esa disposición, o mejor dicho, obligación al cambio del cuerpo en lugar del cambio de la sociedad para que normalice la existencia de la intersexualidad, es lo que se pone en juego en el activismo intersexual.
En “Un mundo para mí”, la ópera prima del director mexicano Alejandro Zuno, quien ya tiene una larga experiencia realizando cortometrajes muy premiados y siendo parte de la terna de directorxs de las buenas series “El secreto del río” (Netflix) y “Tengo que morir todas las noches” (Prime Video), vemos la disyuntiva en la que entran dos padres jóvenes que acaban de tener un hijx con esta condición, y cómo son ellos los que tienen que guardar el “secreto”, mientras deciden qué hacer: si obedecer al discurso médico, que se ha colocado históricamente como una autoridad en estos casos, que se presenta como lo mejor, más lógico y juicioso, o si escuchar las experiencias de quienes han vivido las intervenciones quirúrgicas y pueden dar testimonio de lo trágico que puede resultar ser operados siendo bebés.
Es impresionante cómo México ha avanzado con el tema LGTBIQ+ en su producción audiovisual, al igual que Brasil, Argentina, Colombia y Chile, mientras Perú sigue dando sus primeros pasos, entre avances y retrocesos. Y tiene que ver mucho con políticas culturales, sociales e inclusivas que refuerzan estos contenidos o que los sostienen en tiempos de conservadurismo, a diferencia de nuestro país, en donde lo institucional se cae a pedazos cuando entra un gobierno antiderechos o enemigo de la democracia en general.
“Un mundo para mí” se ha visto en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara y en el de Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Las vidas intersex merecen mirarse, comprenderse y abrazarse.

El fin de las primeras veces
Ópera prima del director mexicano Rafael Ruiz Espejo, sigue la trayectoria, por un día y una noche, de Eduardo, un joven de 18 años que viaja de su ciudad a Guadalajara para rendir un examen de admisión. Lejos de la familia y del control materno, Eduardo se embarca en un viaje interior y de crecimiento, cuando decide aceptar la invitación de un joven al que apenas conoce. Como bien dice el título, Eduardo atravesará por varias primeras veces en su afán por experimentar con su deseo y ahondar en su sexualidad lejos de los parámetros que seguramente lo rodearán cuando regrese a casa.
La película tiene un halo nostálgico y se construye sobre el deseo juvenil (y universal) de vivir intensamente, y no pretende juzgar las decisiones que toman los personajes, sino acompañarlos en sus breves y apasionados encuentros. Es interesante cómo el director huye del dramatismo y prefiere la contemplación y el recorrido, a veces con una cámara en mano que se resiste a generar tensión. Después de pasar rápidamente por el gusto, la decepción, la embriaguez, el descontrol, el abuso, el disfrute, la solidaridad y más experiencias, Eduardo vuelve a su casa y aunque no ha perdido la inocencia, tampoco es el mismo.

#300cartas
Un día, Jero descubre que su relación de un año con Tom había sido una farsa, 300 cartas dejadas por su expareja el día de su aniversario lo confirman. Jero va leyendo y conociendo más de Tom, aunque el objetivo era al revés, Tom quería que Jero fuera el que se “conociera más” y darle alguna especie de lección, aunque no le salga tan bien como quisiera.
Lucas Santa Ana vuelve a repetir el plato estrenando su película en el Outfest, así como en la edición anterior pudimos ver “Luces azules”. Buen director y mejor guionista, Santa Ana ya se ha especializado en la comedia dramática que retrata a una pequeña burguesía gay bien establecida, con un círculo de amigos de la misma clase social, a los que atraviesa de pronto un secreto, que se convierte en el leit motiv de toda la película, si “Luces azules” era una película coral de un grupo de amigos de mediana edad que se confronta con el VIH, la pérdida y el amor, esta vez Santa Ana se enfoca en una pareja casual que se conoce a través de un aplicativo de citas y que se compromete casualmente también.
Sus diferencias, no tan evidentes, saldrán a la luz a través de las 300 cartas que tendrá que leer Jero para saber por qué Tom lo ha abandonado. Queda flotando en el aire cómo construimos relaciones sobre la base de fantasías, esperanzas y egoísmos, cómo superamos un corazón roto y cómo hacemos para que el ego no nos coma vivos.

El pecado social
Juan Carlos Goicochea ha pasado varios años detrás de los testimonios de los familiares de las víctimas del terrorismo en la selva peruana, más exactamente de las personas trans que fueron asesinadas en un caso emblemático, la matanza de Las Gardenias, en Tarapoto, y su documental decantó en el testimonio de Roger Pinchi Vásquez, que perdió a su hermana Fransuá, asesinada en tiempos del conflicto armado interno por el MRTA en los años 80. Goicochea retrata momentos íntimos de Pinchi en su soledad, en sus breves encuentros con sus amigos, en la discoteca, y también en su largo y penoso camino para que su hermana y él mismo sean reconocidos como víctimas de esos tiempos violentos y sus muertes sean vistas como crímenes de odio por su identidad sexual, algo que se les ha negado por mucho tiempo, y que fue reconocido simbólicamente por el Ministerio de Justicia en 2020, pero que no ha sido reparado por el Estado, que no entiende que de símbolos no se alimentan las personas.
Acá les dejo una entrevista que le hice al director en 2018.
Las locas del 73
¿Cuándo empezó la lucha más visible por la liberación homosexual en América Latina? En Chile podría decirse que fue en 1973, en un momento álgido políticamente y que llegaría a su punto culminante en setiembre con el asesinato de Allende y el inicio de la dictadura de Pinochet. Pero meses antes, más precisamente el 22 de abril de ese año, un grupo de travestis que se dedicaban al trabajo sexual, hartas de las violencias policiales contra ellas, cuando eran detenidas, golpeadas, rapadas, encarceladas y se les multaba por faltas a la moral, y de que su vida siempre estuviera en riesgo de perderse, decidieron realizar la primera marcha de protesta, que no fue espontánea, sino organizada y con permiso de las autoridades, algo que cuentan la Medallita, la Brenda, Marcela Dimonti y Marco Ruiz, quienes participaron de esta manifestación que buscaba que se las incluyera en la revolución socialista que había llegado al poder a través del voto popular, y que podemos conocer gracias al trabajo de recuperación de testimonios y fotografías de archivo de Víctor Hugo Robles, más conocido como “El Che de los gays”, y Carolina Espinoza, directorxs del documental “Las locas del 73”.
Ellas exigían que estas promesas de mejora del país las incluyera, algo que no sucedió ni en democracia ni mucho menos en dictadura hasta muchos años más tarde. No es difícil hacer un paralelo con la primera manifestación de protesta de la disidencia sexual en el Perú, ocurrida el 5 de diciembre de 1978, mientras se preparaba la Asamblea Constituyente que nos daría la Constitución de 1979, luego del fin del gobierno dictatorial de Morales Bermúdez. Ese día, Damonett, Giselle y Francis Day, tres artistas de cabaret que presentaban el espectáculo “Travestis de la Prostituyente” en el Palais Concert, que se burlaba del momento político que se vivía, fueron al Congreso con una carta en la que solicitaban ser incluidas en la nueva Carta Magna, lograron entrar e incluso se reunieron con un congresista del Partido Popular Cristiano. Obviamente, sus pedidos de inclusión no fueron atendidos, pero marcó un hito de conciencia política de una comunidad marginada, como las locas del 73 en Chile. Ambas protestas fueron encabezadas por travestis.

Un hombre tranquilo
«Un hombre tranquilo» retrata la experiencia y el reconocimiento posterior del activista gay Miguel Ángel Sánchez, pionero en la lucha por los derechos de la comunidad LGTBI en España, y una de las caras visibles desde los 80, cuando nuestra situación era de persecución, detención y encierro en casi todo el mundo. Por tres décadas, Sánchez fue una figura clave en el movimiento, como fundador de COGAM (Colectivo Gay de Madrid), Fundación Triángulo y la FELGTB (Federación LGTB).
El documental es un homenaje a su legado y también a su forma de hacer activismo. De ahí su título, porque, a diferencia de Pedro Zerolo, un animal político, Sánchez era más perfil bajo, más reservado, más serio y su “falta de carisma” la suplía con un tenaz trabajo de hormiga que fue reconocido muchos años después. Y, a diferencia también de Zerolo, pocos lo colocaron como héroe cuando se aprobó el matrimonio igualitario. La ruptura con Cogam por diferencias ideológicas sobre cómo llevar adelante el activismo, generó una dolorosa división en el movimiento lgtb español y la posterior creación de Fundación Triángulo; mientras unos apostaban por la diferenciación, otros por la normalización, mientras unos querían exigirlo todo, otros iban por el paso a paso, algo de lo que ningún movimiento lgtb organizado se ha librado, y que ha originado disputas internas muchas veces difíciles de salvar aunque a la distancia, y luego de ganar la batalla en algunos lados, y perderlos en otros, parezcan banales.
En el Perú, por ejemplo, muchos nos vimos enfrentados con la disyuntiva de apostar por la unión civil o el matrimonio igualitario, y como Carlos Bruce en ese momento estaba en el clóset y creía que seguiría ahí (un poco ingenuo la verdad), decidió mandarse con la unión civil creyendo que un Congreso encabezado por la homofóbica Martha Chávez nos haría el favor de aprobarlo. Y eso nunca pasó, ni siquiera las marchas masivas, las campañas publicitarias que espontáneamente aparecían, ni una población a favor impidieron que el fujimorismo y la derecha del PPC y aliados mandaran al archivo el proyecto de ley y nuestras cada vez más grandes ilusiones.
La lucha de Sánchez fue como la de cientos de activistas que quedaron en la sombra luego de que en España se aprobara el matrimonio igualitario, y este documental busca sacarlo a la luz, reparando lo que la memoria oficial no suele reparar. El documental está dirigido por César Vallejo, Santiago Gómez y Alberto Fernández.

¡Quba!
“¡Quba!”, de la directora estadounidense-japonesa Kim Anno, es un documental que, evidentemente, tiene la venia oficial, ha sido filmada “libremente” en La Habana y aparece entrevistada la hija de Raúl Castro, Mariela (quien ha encontrado un nicho profesional importante en ocuparse del tema lgtbiq+ en el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), el que dirigirá hasta el fin de sus días), halagando a su madre por ser una “pionera” en el tema; también es evidente que los activistas entrevistados son oficialistas, no tienen ninguna queja contra el gobierno cubano y algunos muestran su admiración a Fidel Castro y viven agradecidos a la revolución y se adhieren a ella en la situación en la que se encuentra actualmente, es decir, con las problemáticas de hambre y carencias de servicios básicos continuos que hace sufrir a su población. Algo que también se hace evidente son los desangelados testimonios familiares que nos muestran, como el activista gay que rechaza las muestras de cariño de su madre o la fría relación de la pareja de lesbianas, también activistas.
En la mirada de la directora, Cuba parece un lugar tranquilo, incluso paradisíaco, en donde es posible vivir, y la única dificultad que atraviesan las personas LGTBIQ+ es su diferencia sexual, que las hace pasible de discriminación.
“¡Quba!” también es el testimonio de un momento histórico: el debate de la inclusión del matrimonio igualitario en las modificaciones del nuevo Código de las Familias, en 2022, con la oposición de la Iglesia Católica (que, si no fuera Cuba, tendría un enorme poder) y las arraigadas tradiciones moralistas y machistas de la sociedad cubana (las que sí tienen más poder). El documental graba las limitadas campañas del activismo organizado para que se vote a favor en el referéndum, con el apoyo de algunas iglesias protestantes, y también las poco creativas campañas en contra de sus derechos.
Tal vez la parte más política del documental es cuando la cámara recorre las viejas y ruinosas calles de La Habana y sentimos, como ya se ha hecho un lugar en común al pensar en Cuba, que es un espacio que se ha quedado detenido en el tiempo, porque incluso la historia de persecución y violencia que han padecido se queda obliterada frente al trato actual del régimen a la comunidad lgtbiq+. Es complejo luchar por la libertad de amar en un lugar en donde otras libertades están obstaculizadas, como la libertad de expresión, de disidencia política y de protesta, y en donde cientos han tenido que escapar o están presos por sus ideas, pero el documental justamente sirve como testimonio para dar cuenta de que consciente o inconscientemente las películas cumplen objetivos políticos, y que el espectador debe tener una mirada aguzada para interpretarlos.

Las ganadoras
El jurado de la competencia de largometrajes, compuesto por Melina León, Sergio Armasgo, Francisco Flores y Gisella Barthé, decidió darle una mención honrosa al oficialista documental ¡Quba! y el premio principal al excelente drama “Un mundo para mí”.
El jurado de la crítica especializada, compuesto por los miembros de Apreci, Zoraida Rengifo, Nilton Arana y Gabriel Quispe, decidió darle una mención honrosa al interesante documental “El pecado social” y declarar como ganadora a ¡Quba!

En la competencia peruana de cortometrajes, el jurado, compuesto por Gianna Camacho, Xanaxtasia y Gabriel Cárdenas, dio como ganador a “No estabas aquí” de Joaquín Zavala, un drama sobre lo difícil que resultan las relaciones familiares cuando no hay capacidad de entendimiento entre un hijo y una madre, y el dolor que eso puede generar. El día del estreno, en la Casa Trenzar, estaban los padres del director apoyándolo y aplaudiendo sus éxitos, y quizás esos son los mejores momentos que nos regala el Outfest.

En la competencia internacional de cortometrajes hubo dos menciones honrosas: “¡Que suene la revolución queer!”, de Juan Diego Muñoz Vélez, producción peruano-colombiana, y “Como nace un río” de Luma Flores; y el ganador fue “Pietra” de Cynthia Levitan.
El Queer Lab
Por su parte, el V Queer Lab, que premia a los proyectos con temática LGTBI con el objetivo de impulsar su realización, decidió darle una mención especial al proyecto “Actividad”, de Luan Loli y Alex Aqtuy, y declarar un empate ganador entre “Liminal” de Jimena Calderón y “Ella” de Aytana Ávila. Esta última fue reconocida por su casa de estudios.

Resulta interesante que varios de los Queer Lab tienen como ganadoras a directoras con proyectos de temática lésbica/no binaria/trans (el I Queer Lab lo ganó el proyecto de Antonella Bertocchi, el III Queer Lab lo ganó el proyecto de Magaly Torres, el IV Queer Lab resaltó el proyecto de Camila Almandoz y Sofía Rubio, y en este V ganaron también dos mujeres), pero luego eso no se hace tangible en la programación de cortometrajes peruanos, en donde la mayoría son cortometrajes de temática gay o dirigidos por hombres (en su diversidad), lo que nos debe decir algo de las dificultades que tienen las directoras para terminar sus proyectos. Tal vez por ello este año los premios entregados por la productora Animalita les permitirá tener asesorías y seguimientos de producción para que puedan culminarlos y lleguemos a verlos en alguna edición del Outfest.

Esperamos que la situación de las personas LGTBIQ+ del Perú mejore, que los futuros gobiernos tomen conciencia de lo bien que le hace a una sociedad que todos sus integrantes puedan vivir en paz, reconocidos y respetados, y que la lucha del Outfest para realizarse no siga siendo empinada, sino un camino de flores arcoiris, como todas las iniciativas que buscan dar esperanza y refugio a quienes no somos ni queremos ser normativos.

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