Mi Primer Festival, en su 11° edición, nos trae un gran conjunto de largometrajes dirigidos a las infancias, adolescencias y juventudes, además de a sus padres, madres y educadores, que merecen la pena verse, sobre todo porque todas son de acceso libre en las 14 sedes que están disponibles. De esta forma, Mi Primer Festival busca acercar y democratizar el cine para del 21 al 28 de febrero todos podamos celebrar esta fiesta del cine.

Son cerca de 80 películas entre largometrajes, cortometrajes y series, desde grandes producciones hasta obras realizadas por niñas y niños, en donde podemos ser testigos de una diversidad de temas, mensajes, manufacturas y técnicas que se están haciendo en el mundo para la población infantil.

Desheredadas ha tenido la oportunidad de ver las seis películas de la Competencia de Largometrajes y estas son nuestras reseñas:

Kayara (2025)

Dir. César Zelada y Dirk Hampel / Perú – España

Ambientada en un Imperio incaico alegórico del siglo XV, Kayara cuenta la historia de una niña que sueña con convertirse en chasqui como su padre, aunque las normas establecidas se lo impidan. Desde pequeña demuestra agilidad y determinación, cualidades que anticipan un recorrido marcado por obstáculos y descubrimientos. A su lado están Paullu, el hijo del Inca y su amigo más cercano, y Wari, un cuy que la acompaña fielmente. Con el paso del tiempo, Kayara crece sin perder la convicción que la impulsaba desde niña.

Cuando se anuncia una gran carrera para elegir a la nueva generación de corredores, decide competir en secreto, ocultando su identidad para demostrar su talento. A partir de entonces, la película despliega un relato dinámico con pruebas que ponen a juego su valentía y determinación. Así, Kayara combina secuencias de acción vibrantes con un tono accesible. La presencia de distintos escenarios, llenos de color y diversidad paisajística aporta un valor cultural para las infancias. Kayara se presenta como una propuesta familiar que entretiene y, a la vez, celebra la valentía de ser diferente y de desafiar las convenciones establecidas.

Robotia (2024)

Dir. Diego Cagide y Diego Lucero / Argentina – España

En un universo habitado exclusivamente por robots, conocemos a Bibi y Alex, dos jóvenes fabricados en el mismo lugar pero criados en contextos sociales distintos. Aunque sus realidades no son las mismas, comparten una pasión: el fútbol. Mientras que en la familia de Bibi este deporte es visto como una actividad poco apropiada, Alex crece rodeado de amigos que juegan en la loza del barrio. Un cruce inesperado los lleva a compartir la cancha y a descubrir que el juego no entiende de diferencias sociales.

Más allá del entretenimiento, Robotia introduce un mensaje sencillo pero significativo. En un entorno donde persisten ciertas expectativas sociales y de clase, Bibi, junto a sus amigas, cuestiona y desafía las normas que dictan cómo deberían comportarse. El fútbol deja de ser solo un juego para convertirse en el espacio desde el cual afirman su identidad y defienden sus propios anhelos.

En lo formal, la película opta por un tono cercano, apoyado en un humor blanco y en una animación de diseño amable, con personajes tiernos y expresivos. El resultado es una propuesta que privilegia la comicidad y la frescura narrativa, combinando situaciones dinámicas con un mensaje optimista que atraviesa el relato.

Dalia y el libro rojo (2024)

Dir. David Bisbano / España

La película acompaña a Dalia, una niña que enfrenta la reciente muerte de su padre, con quien compartía un profundo amor por la escritura. En ese vacío, sigue escribiendo, aunque no confíe del todo en su propio talento. Ese frágil equilibrio se quiebra cuando los personajes de la novela que su padre dejó inconclusa aparecen frente a ella y le piden que continúe el relato. Dalia se enfrenta entonces a un desafío mayor: darle un final mientras aprende a confiar en sí misma.

La película se presenta entonces como una dinámica constante entre dos mundos, el real y el imaginado. Bisbano articula este cruce desde una perspectiva emocional para mostrar que la ficción no es solo un refugio, sino también un espacio de aprendizaje y crecimiento. En esa línea, la cinta se convierte en una reflexión sobre el acto creativo y la responsabilidad de quien narra. Al mismo tiempo, explora los vínculos familiares y se inscribe en una tradición narrativa clásica, con villanos definidos y personajes marcados por sus propias fragilidades.

El mensaje es claro y esperanzador: no se trata de hacer algo extraordinario, sino de atreverse a empezar. Confiar en la propia voz es el verdadero desafío. Con una animación fluida, escenarios coloridos y personajes originales, la película cautivará al público infantil mientras reivindica la imaginación como fuerza transformadora y celebra el amor por los libros.

Nina y el secreto del erizo (2023)

Dir. Jean-Loup Felicioli, Alain Gagnol / Francia

Nina es una niña de 10 años cuya imaginación ha sido alimentada por las historias que su padre le cuenta antes de dormir, siempre protagonizadas por un erizo que descubre el mundo. Cuando él pierde su trabajo tras un desfalco en la fábrica, esos relatos se detienen y Nina decide actuar. Junto a su amigo Mehdi, organiza un plan para recuperar un tesoro escondido y devolver la alegría a su familia.

Con una animación artesanal que se aleja del estilo comercial pero que enamora por su personalidad, la película construye un relato con conciencia social visto desde los ojos de una niña con una desbordante imaginación, capaz de emocionar tanto a las infancias como a los adultos que la acompañan.

El secreto del herrerillo (2025)

Dir. Antoine Lanciaux / Francia

En El secreto del herrerillo, Lucie pasa el verano en Bectoile, el pueblo donde creció su madre, Carol. Allí la acompaña en la excavación arqueológica que dirige junto a Pierrot, amigo de su juventud y también originario del lugar. Mientras ellos se internan cada día en el terreno con planos y herramientas, Lucie observa, pregunta y deambula por los alrededores, fascinada por ese universo rural poblado de animales, senderos y pequeñas pistas dispersas.

Lo que al inicio parece un simple pasatiempo infantil adquiere una dimensión inesperada, cuando Lucie construye su propio recorrido, uno que convierte la curiosidad en un ejercicio de memoria. Así, emerge un relato donde la búsqueda histórica y la experiencia íntima se entrelazan, y comprender el pasado supone también enfrentarse a emociones heredadas. La técnica de animación en papel recortado intensifica esa delicadeza con una textura cuidadosamente trabajada. En esa estética artesanal y en el entorno campestre, la película encuentra el marco perfecto para una historia que celebra la memoria, la niñez y el descubrimiento.

Soy Frankelda (2025)

Dir. Arturo Ambriz y Roy Ambriz / México

Concebida a partir del universo de la serie Los sustos ocultos de Frankelda, esta cinta expande ese mundo con una historia propia. En el centro de la trama se encuentra Francisca Imelda, una joven del México decimonónico que anhela convertirse en escritora, pese al entorno patriarcal que la rodea. Francisca es una niña soñadora que, aunque carece del apoyo familiar, no deja de escribir, y encuentra en la literatura fantástica y los relatos de terror un refugio. En su imaginación, las presiones y restricciones que enfrenta a diario se transforman en monstruos que ella aprende a manejar a través de su pluma. Un día, Francisca se encuentra con Herneval, el personaje de una de sus historias, vuelto realidad. Él le revela que proviene del Topus Torrentus, un reino que habita el umbral entre la ficción y la realidad, poblado por las criaturas que ella misma ha dado vida con su escritura. En apuros, Herneval le pide ayuda para salvar su reino, y es esa llamada la que impulsa a Francisca a aventurarse más allá de las fronteras de su mundo.

De esta manera, la película entrelaza ambos planos en un juego que, aunque complejo, resulta estimulante y visualmente sugerente. En esta historia, la imaginación cumple un rol central, y apunta a que los miedos no son algo de lo que huir, sino una fuente de inspiración. La película anima a enfrentarlos, y en el caso de Francisca, ese enfrentamiento ocurre a través de la escritura.

En el aspecto formal, la película destaca por ser un stop motion muy bien logrado y un hito para el cine mexicano, al tratarse de la primera producción nacional realizada en esta técnica. Con personajes que encarnan ese límite difuso entre lo terrorífico y lo original, escenarios recargados que evocan una estética gótica y números musicales que rompen el ritmo narrativo, Soy Frankelda se consolida como una de las propuestas visuales más ambiciosas del cine de animación mexicano reciente. Se trata de una apuesta original tanto en técnica como en guion, ya que confía en la inteligencia de su público, invitando a grandes y pequeños a reflexionar sobre lo que ven en pantalla.

Mirella Villafane