Ver Sorry, Baby (2025) es enfrentarse a una obra que descoloca. En su debut como guionista, directora y protagonista, Eva Víctor elige el humor desestabilizante como herramienta para narrar el trauma, dando forma a una película que desconcierta tanto como conmueve. La historia sigue la vida de Agnes, una profesora titular recién nombrada en su antigua escuela de posgrado, quien recibe la visita inesperada de su mejor amiga Lydie (Naomi Ackie). Lo que parece una reunión cotidiana entre amigas rápidamente revela fisuras. Los comentarios de Lydie permiten al espectador intuir que la estabilidad de Agnes es apenas una fachada. Aunque tenga un trabajo y un hogar, su vida parece haber quedado suspendida.

La presencia del humor en la cinta está sostenida en la amistad que ambas comparten. Las bromas sobre la vida en general dejan ver la complicidad que existe entre ellas, un detalle imposible de pasar desapercibido para el espectador. Sin embargo, la llegada de Lydie introduce una tensión en la narrativa: ella encarna el paso del tiempo al mostrarse alegre, en una relación estable y comprometida con su nueva vida. Alegre, integrada a una relación estable y comprometida con su nueva vida, Lydie condensa lo que Agnes no puede o no quiere experimentar. La noticia de su embarazo intensifica este contraste y funciona como un punto de inflexión que reorienta la narrativa hacia las tensiones internas de Agnes.
Uno de los eventos que actúa como detonante antes de la inmersión en el pasado de Agnes es la reunión con sus antiguos compañeros de posgrado. Aunque no muestra entusiasmo, accede a ir acompañada, lo que ya sugiere su resistencia a enfrentar un entorno que reactiva culpas y recuerdos que preferiría mantener ocultos. El encuentro se carga de tensión cuando surge el nombre del profesor Decker (Louis Cancelmi). Natasha (Kelly McCormack), con un comentario malicioso, acusa a Agnes de haber sido “la favorita” y pone en duda la legitimidad de su nombramiento como profesora titular. La inteligencia y el esfuerzo de Agnes quedan invisibilizados frente a la sospecha de un privilegio asociado al cuerpo, reforzando la violencia simbólica que pesa sobre ella como mujer en un espacio académico.
A partir de este episodio se introduce el primer intertítulo —de los cuatro que estructuran el relato—, que abre la narración en capítulos y anticipa aquello que Agnes intenta silenciar. El uso de capítulos para marcar etapas de la vida no es un recurso completamente nuevo dentro del lenguaje cinematográfico; sin embargo, en esta cinta adquiere un matiz singular. Cada intertítulo condensa los acontecimientos de un año en una sola frase, lo que de entrada puede sonar trivial. No obstante, esa reducción resalta la rutina en la vida de Agnes y, sobre todo, la sensación de estancamiento que la atraviesa.

El primer intertítulo, “The year with the bad thing”, sitúa al espectador frente a una Agnes joven, inexperta, pero entusiasta de la vida académica. Allí emerge también la raíz de su miedo: el profesor Decker, quien pronto manifiesta un interés ambiguo hacia ella. En una conversación con Lydie, ambas ironizan sobre la posibilidad de que ese interés se concrete. Este intercambio adquiere un peso narrativo particular, pues Agnes cree tener control sobre la situación y saber cómo reaccionar si un profesor intenta aprovecharse de ella. Esa aparente indiferencia, sin embargo, se irá resquebrajando. La tesis la obliga a mantener un contacto cada vez más estrecho con Decker, hasta que el abuso ocurre en su casa. La escena evita el morbo y se construye a partir de la narración de Agnes a Lydie. Sus palabras, más que un relato, parecen un esfuerzo desesperado por dar forma a lo incomprensible, un intento de procesar lo sucedido sin conseguirlo del todo.
Este capítulo, el más extenso de la obra, concentra las secuelas del abuso y la manera en que estas transforman la vida de Agnes. A pesar del apoyo constante de Lydie, ambas se enfrentan a la escasa atención de las instituciones. La frialdad del examen médico, las trabas burocráticas de la universidad y la falta de empatía generalizada la conducen a un estado de silencio forzado, donde parece no haber alternativa más que resignarse. Esa contención, sin embargo, se fractura en distintos momentos. En una ocasión, Agnes logra que su vecino Pete (John Carroll Lynch) le preste algo para iniciar un fuego. Solo a Lydie le confiesa su verdadera intención: incendiar la oficina de Decker, un gesto que encarna tanto la protesta como la necesidad de clausurar un ciclo de violencia que sigue abierto.
Así que se da paso al siguiente intertítulo: “The year with the questions”, que contiene una de las escenas más impactantes. La participación de Agnes como jurado no solo introduce un nuevo espacio institucional, sino que también pone en evidencia la fragilidad de su intento por romper el silencio. Aunque no nombra el abuso de manera explícita, su intervención funciona como una primera articulación pública del malestar que la atraviesa, en forma de un monólogo que más que testimonio es un pedido de escucha. La escena, articulada en torno a la interpretación de Víctor, condensa una intensidad dramática singular.

En el tercer intertítulo, “The year with the good sandwich”, aparece otra de las formas con las que Agnes intenta lidiar con el trauma: su relación sexual con Pete. Este vínculo, puramente carnal, funciona precisamente porque él nunca indaga ni cuestiona, limitándose a permitirle un espacio donde simplemente existir sin explicaciones. La cuestión del abuso no reaparece hasta que Natasha confiesa haber mantenido también relaciones con el profesor Decker. Aunque insiste en que fue ella quien tomó la iniciativa y que lo hizo esperando recibir un trato diferente, la revelación resulta inquietante. Para Agnes, escucharla implica enfrentar nuevamente el trauma, lo que la lleva a tener un ataque de ansiedad en plena calle.
La película concluye con el último intertítulo, “The year with the baby”, que introduce la visita de Lydie y su pareja Fran (E.R. Fightmaster), ahora acompañadas de su hija. Aunque Agnes sigue cargando en silencio con el trauma, busca animar a su amiga y pasa tiempo a solas con la niña. Este bebé, incapaz de comprender o responder, se convierte paradójicamente en la única interlocutora de Agnes. Su monólogo final, dirigido a ella, abre un registro inédito en la película: un horizonte de escucha, cuidado y compromiso con el futuro. La promesa de que esa niña no atraviese el mismo aislamiento que ella encarna un gesto de resistencia, donde el deseo de romper el ciclo del silencio se transforma en posibilidad de esperanza.
En Sorry, Baby, Eva Victor construye un relato que no elude mostrar las consecuencias del trauma, como el estancamiento, la soledad y la sensación de estar atrapada en un ciclo que parece imposible de romper. Sin embargo, el desenlace introduce un giro esperanzador. La interacción de Agnes con la bebé de Lydie y Fran revela una nueva posibilidad, ya que encuentra a alguien que la escucha sin juicio ni expectativas, aunque no pueda comprender del todo su experiencia. Esta relación, aparentemente simple, simboliza un espacio de conexión y cuidado que hasta entonces le había sido negado.
Ficha técnica
Dirección: Eva Victor
Año: 2025
Elenco: Eva Victor, Naomi Ackie, Louis Cancelmi, Kelly McCormack, Lucas Hedges, John Carroll Lynch, Hettienne Park, E.R. Fightmaster, Cody Reiss
Producción: Adele Romanski, Barry Jenkins, Mark Ceryak, Myriam Schroeter, Kiva Reardon, Frank Ariza, Yohann Comte, Pierre Mazars
Guion: Eva Victor
Edición: Alex O’Flinn Randi Atkins
Fotografía: Mia Cioffi Henry
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